* La publicación de este capítulo es cortesía de Editorial La Crujía y los autores Corina Rogovsky y Francisco Chamorro.
El docente centauro
Entre el algoritmo y el aula, un nuevo oficio educativo
En 1997, el mundo presenció un acontecimiento que fue leído como una derrota simbólica de la inteligencia humana. Garry Kasparov, campeón mundial de ajedrez, perdió una partida decisiva frente a Deep Blue, la supercomputadora desarrollada por IBM (IBM, s. f.). Para muchos, aquel episodio marcó un punto de inflexión; la evidencia de que las máquinas podían superar a los humanos, incluso en dominios asociados al pensamiento estratégico, la anticipación y la toma de decisiones complejas.
Sin embargo, el verdadero impacto de ese episodio no estuvo en la derrota, sino en lo que vino después. Lejos de instalarse en la nostalgia o en la denuncia de una amenaza inevitable, Kasparov hizo algo inesperado: se reinventó. En lugar de insistir en la competencia entre humanos y máquinas, formuló una pregunta distinta, profundamente inteligente: ¿Qué pasaría si, en vez de competir con las máquinas, colaboráramos con ellas?
De esa pregunta, surgió el llamado ajedrez avanzado, también conocido como ajedrez centauro: una modalidad en la que jugadores humanos trabajan junto a programas de ajedrez para explorar variantes, analizar posiciones y tomar decisiones estratégicas. Kasparov (2017) recupera esta experiencia como una metáfora potente para pensar la colaboración entre inteligencia humana e inteligencia artificial. El hallazgo fue contundente, ya que las mejores partidas no eran producidas ni por grandes maestros ni por los programas más potentes, sino por equipos híbridos, donde cada parte aportaba lo que la otra no tenía. El humano contribuía con visión estratégica, creatividad e intuición; la máquina, con memoria casi infinita, velocidad de cálculo y profundidad táctica. La excelencia ya no residía en la fuerza aislada, sino en la calidad de la interacción humano-máquina.
Esta experiencia se convirtió en una metáfora poderosa para pensar la inteligencia en el siglo XXI. La figura clásica del pensador solitario resulta hoy insuficiente. En su lugar, emerge la imagen del centauro, no como una fusión indiferenciada entre humano y máquina, sino como una articulación de capacidades distintas, orientada a producir algo nuevo.
A primera vista, esta escena podría parecer radicalmente novedosa. Sin embargo, una lectura más atenta revela una continuidad. La teoría de la mente extendida sostiene que ciertos procesos cognitivos no ocurren únicamente dentro de la mente individual, sino que pueden distribuirse entre el sujeto y los artefactos, soportes y entornos con los que interactúa (Clark y Chalmers, 1998). Desde las tablas de arcilla y la escritura, pasando por la imprenta, la calculadora o la computadora, los seres humanos hemos externalizado operaciones cognitivas en soportes materiales y simbólicos. En términos de Clark y Chalmers (1998), pensamos también mediante sistemas articulados entre sujetos, herramientas y entornos.
La IAG intensifica esta lógica. La memoria prácticamente infinita, la conexión acelerada de patrones y la producción explosiva de textos, imágenes y códigos configuran nuevas herramientas para el pensamiento. En los hechos, hoy esta- mos jugando múltiples formas de ajedrez avanzado en la es- critura, en la investigación, en la enseñanza, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
En este punto aparece una inquietud recurrente y que nos interpela más que nunca: ¿estamos perdiendo algo de nuestra humanidad al apoyarnos en estas tecnologías? La experiencia del ajedrez ofrece una pista esclarecedora, y es que cuando los jugadores aceptaron la colaboración con la máquina, no vieron degradadas sus capacidades humanas; por el contrario, se vieron obligados a comprender el juego con mayor profundidad, a formular mejores preguntas y a alcanzar nuevos niveles de creatividad y excelencia. La máquina no los reemplazó, sino que los obligó a pensar mejor, distinto.
Este desplazamiento resulta clave para el campo educativo, en el cual se utiliza el término docente centauro para referirse a un profesional que enseña y aprende junto a la IA, sin perder su criterio pedagógico. Adoptar este rol no implica, entonces, ceder la enseñanza a la tecnología, sino asumir una posición activa, crítica y estratégica frente a ella: un educador que sabe cuándo apoyarse en la potencia de la máquina y cuándo retirarla; cuándo usarla como copiloto y cuándo convertirla en objeto de análisis; cuándo amplifica el pensamiento y cuándo corre el riesgo de empobrecerlo. En este sentido, podemos decir que enseñar hoy consiste, en gran medida, en aprender a habitar esa frontera. La IA no reemplaza al docente, sino que redefine su rol.
A modo de ejemplo, compartimos la Figura 1, adaptada del diagrama de decisión desarrollado por Tiulkanov (2023, como se citó en Sabzalieva y Valentini, 2023), que permite pensar criterios básicos para decidir cuándo usar o no sistemas de IAG en una tarea educativa.

Nota. Adaptado de ChatGPT and artificial intelligence in higher education: Quick start guide (p. 6), por E. Sabzalieva y A. Valentini, 2023, UNESCO (unesco.org). Basado en el modelo original de A. Tiulkanov (2023).
En este sentido, podemos observar que la integración y el uso de la IAG no es algo que se da de manera acrítica, sino que implica discernimiento y reflexión. El docente centauro ya no se debate si integrar tecnología o no hacerlo, sino que reflexiona sobre la mejor manera de hacerlo, considerando las habilidades de sus estudiantes, la relevancia de lo verificable, la responsabilidad y la ética.
Escenas de aula
El docente centauro en acción
Para comprender el alcance de la metáfora en la práctica, resulta útil recorrer el terreno de lo cotidiano. El docente centauro no es una figura heroica ni excepcional, sino un profesional que habita la frontera entre lo humano y lo algorítmico, integrando la potencia de la IA sin renunciar al sentido pedagógico. Como se podrá observar a continuación, en las siguientes escenas —adaptables a distintas tareas, áreas y niveles acadé- micos— la inteligencia artificial no reemplaza la enseñanza, sino que la tensiona, la amplifica y la vuelve visible.
Escena 1 | Planificar: cuando la IA ayuda a pensar distinto
Escena 2 | Enseñar: cuando la IA amplifica, pero no decide
Escena 3 | Evaluar: cuando la pregunta vale más que la respuesta
Escena 4 | Gestionar y acompañar: la IA para el acompañamiento y la toma de decisiones
Para acceder al detalle de cada una de las cuatro escenas, invitamos a descargar de forma gratuita el capítulo completo aquí.
Cómo citar
Rogovsky, C; Chamorro, F. (2026). El docente centauro. En Lo que la IA no puede enseñar. Buenos Aires, Argentina. Editorial La Crujía. Disponible en: https://pent.flacso.org.ar/producciones/el-docente-centauro
Licencia
La producción El docente centauro se encuentra bajo licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Disponible en: https://flacso.pent.org.ar/producciones/el-docente-centauro